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¿Un país sin futuro?

A propósito de los Juegos Olímpicos celebrados este año en Río de Janeiro  (Brasil), Manuel de León (CSIC y fundador del ICMAT) y Rafael Orive (UAM-ICMAT) reflexionan en esta entrada sobre las matemáticas del país y su futuro.

Hace unas semanas uno de los relevistas de la antorcha olímpica era Artur Ávila, matemático que comparte su trabajo entre Río de Janeiro y París, y primer medallista Fields en la historia de Brasil. ¿Qué ha llevado a un país que ha estado décadas rezagado en ciencia a alcanzar logros de esta importancia en las matemáticas?

En su libro Brasil, país de futuro, el escritor austriaco Stefan Zweig hace una descripción de este país, con su enorme potencial, y, en su propio himno y  bandera, se recuerda que Brasil es de “orden e progresso”. Durante décadas una de las bromas de los brasileños consistía en referirse a ese futuro que nunca llegaba. Sin embargo, hace unos pocos años, pareciera que por fin llegaba ese futuro tantas veces prometido. Brasil crecía económicamente en unos porcentajes elevados y ese crecimiento se traducía en mejoras sociales y puesta en marcha de infraestructuras.

En investigación matemática Brasil gozaba ya de un centro de excelencia, el Instituto de Matemática Pura y Aplicada (IMPA) en Río de Janeiro, sin duda el mejor en toda Latinoamérica. El apoyo a las matemáticas por parte del gobierno era palpable, y se pusieron en marcha Olimpiadas Matemáticas que reunían cada año a 20 millones de niños de todas las edades, de donde detectaban a jóvenes brillantes como Artur que luego eran  capaces de entrenar como matematicios excepcionales. El apoyo a otras ciencias estaba también extendido y las mejoras eran apreciables, complementadas  además con un ambicioso plan de atracción de talento externo.

Pero a la vez Brasil quiso situarse como país importante en el escenario internacional, y pujó por todo gran evento deportivo: Mundial de Fútbol, Juegos Olímpicos. Estas son inversiones millonarias, dirigidas más a la galería que efectivas para el desarrollo de un país, mientras que las que hemos citado antes son de largo recorrido y sus efectos no se ven de un año para otro. Pero los políticos se eligen cada pocos años y necesitan de estos fastos para mantener el poder.

En los últimos años la situación económica de Brasil ha dado un giro dramático, y el país está viviendo momentos difíciles. También en lo político se ha asistido a espectáculos que los brasileños creían ya olvidados.

Pero los compromisos adquiridos hay que cumplirlos, y estos días hemos asistido a la celebración de las Olimpiadas en Río de Janeiro, que gracias a la infinita amabilidad de los cariocas y a la belleza natural de la “cidade maravilha” han logrado ser un éxito.

¿Qué va a quedar de toda esta parafernalia? De los JJ.OO. y del pasado Mundial, poco; alguna infraestructura mejorada pero la bahía de Guanabara y la Lagoa Rodrigo de Freitas no van a perder su insostenible contaminación, ni tampoco ha mejorado el tráfico caótico de esta enorme ciudad

¿Y qué quedará de la ciencia y en particular de las matemáticas? La apuesta en recursos humanos posiblemente vuelva a premiarlos con otra medalla Fields gracias a su capacidad de detectar talento y esto contribuirá sin duda a formar parte de la élite matemática. Sus centros se han internacionalizado, ya que tanto el IMPA (Instituto Nacional de Matemática Pura e Aplicada), como sus principales universidades presentan investigadores de más de una treintena de nacionalidades, en particular la UFRJ (Universidade Federal do Rio de Janeiro) tiene entre sus 150 investigadores matemáticos de una veintena de nacionalidades. Todas sus universidades están cubriendo sus departamentos con jóvenes investigadores de todo el mundo. Además, sus programas de doctorado forman a gran parte de los futuros matemáticos de Latinoamérica.  En 2018 se celebrará en Rio otro gran evento, en esta ocasión, matemático: el Congreso Internacional de Matemáticos (ICM, por sus siglas en inglés). Será la primera vez en un país latinoamericano y, de hecho, en todo el hemisferio Sur. Los matemáticos brasileños llevan trabajando duro desde hace años, y estamos seguros de que el evento será magnífico.

Esta será una ocasión única para empujar la educación matemática, un problema de gran calado en un Brasil necesitado de profesorado preparado para atender a millones de niños y jóvenes. Sin duda alguna, la investigación matemática experimentará un gran impulso, añadido al júbilo provocado por la concesión de la medalla Fields a Artur Ávila en el ICM de Seúl en 2014. Y entre esos millones que estudiarán matemáticas habrá posiblemente algún nuevo Ávila.

La lección a aprender de Río es sencilla: invertir en proyectos a medio y largo plazo, como la investigación y la educación, da sus frutos. La inversión en grandes fastos no suele ser más que flor de un día. En España conocemos muy bien sus efectos, y  lo único que han dejado son edificios vacíos e infraestructuras infrautilizadas.

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Manuel de León (CSIC, fundador del ICMAT) y Rafael Orive (UAM, exdirector del ICMAT).