Nº 14 (Primer Trimestre 2017)
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ENTREVISTA: Consuelo Martínez, catedrática de Álgebra en la Universidad de Oviedo

“Me duele que alguien considere que has conseguido algo por el mero hecho de ser mujer”

 

Imagen: Consuelo Martínez

Patricia Ruiz Guevara. Consuelo Martínez López (El Ferrol, 1955) se licenció en Matemáticas en la Universidad de Zaragoza en 1977, donde obtuvo el doctorado bajo la dirección de Javier Otal. Es Catedrática de Álgebra en la Universidad de Oviedo desde 2005 y realiza estancias de investigación en el KIAS (Korean Institute of Advanced Studies), donde investiga conjuntamente con el medalla Fields Efim Zelmanov, con quien colabora desde los años noventa. Su trabajo se centra en álgebras y superálgebras no asociativas, en sus interrelaciones con la teoría de grupos, y en sus aplicaciones a la criptografía y a la teoría de códigos correctores de errores, como los códigos grupos. Recientemente, ha impartido conferencias en CUNY (The City University of New York), en el Stevens Institute of Technology, EE. UU. y en el INDAM Meeting of European Women in Mathematics 2015, donde fue invitada como conferenciante plenaria. En los últimos años, ha actuado como coordinadora del área de matemáticas en el Comité de Evaluación constituido en la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) para las becas FPU (Formación de profesorado universitario) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y es miembro de la comisión de Física y Matemáticas de la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI) y del Comité de Ciencias Experimentales de la Agencia Vasca (UNIBASQ).


 

P: Se licenció en Matemáticas en 1977 por la universidad de Zaragoza. ¿Cómo se tomó su familia que quisiera estudiar esta carrera?

R: Considero que fui una privilegiada en mi entorno familiar. Mi padre era maestro y le gustaban mucho las matemáticas, así que debe haber algo hereditario, y en mi casa no fue una sorpresa el que yo quisiera estudiarlas. Además, en aquella época la diferencia entre el número de alumnos y alumnas en Matemáticas no era excesivamente notable, para mí fue todo muy normal.

P: Sin embargo, en la investigación sí que suele haber una brecha evidente. ¿Cuál es el caso en su campo?

R: En general, en España hay bastantes mujeres en álgebra. En congresos internacionales se ha comentado en muchas ocasiones ese hecho: el número de mujeres participantes de España es más alto que el de otros países. Así que nunca he tenido una sensación de que fuera algo excepcional en mi entorno o en los congresos a los que asistía. No niego que haya discriminación por razón de género, porque es evidente que la hay; pero, en mi caso, a lo largo de mi carrera académica, yo jamás me he sentido discriminada ni he encontrado impedimentos por ser mujer.

P: ¿De qué manera cree que actúa esa discriminación?

R: Hay muchos factores que se entremezclan. Trabajar en investigación con una fuerte entrega es muy difícil de compatibilizar con la dedicación a la familia u otras obligaciones, si no se tiene un buen apoyo. Como mujer, aparecen otros condicionantes en el entorno que probablemente vengan marcados por la educación. Todo eso limita. Nuestros colegas masculinos, por tradición y educación, no se enfrentan en general a esos problemas.

P: Usted ha trabajado en diferentes países; por ejemplo, en los últimos años, ha realizado estancias de investigación en el KIAS (Korean Institute of Advanced Studies), en Corea del Sur. ¿Cómo es la situación para la mujer matemática allí?

R: En Corea del Sur es parecida a la de aquí. Creo que, en general, la situación de las investigadoras matemáticas es similar en todo el mundo. Por ejemplo, en Estados Unidos hay pocas mujeres investigadoras todavía en proporción con el número de hombres. Creo que tiene mucho que ver con la trayectoria histórica. Ellos llevan años yendo a la universidad y ejerciendo tareas de investigación, mientras que las mujeres no eran aceptadas. Por ejemplo, Emmy Noether no pudo ser profesora en la universidad porque no la dejaron. Nosotras hemos empezado la carrera mucho más tarde, con lo cual, nos va a llevar un tiempo conseguir ponernos a la par.

P: ¿Qué estrategias cree que pueden ser útiles para reducir esa desigualdad?

R: Creo que lo esencial es la educación: si consiguiéramos que en nuestra sociedad las madres y los padres inculcaran a los hijos que un hombre y una mujer son exactamente iguales a la hora de realizar un trabajo o una actividad intelectual, y que los miembros de una pareja deben apoyarse equitativamente, creo que se resolverían problemas importantes. En este punto, un papel fundamental corresponde a las propias mujeres, porque a veces somos las primeras que educamos en la desigualdad sin querer.

P: Usted, desde las aulas, ¿nota diferencias entre el comportamiento de chicos y chicas?

R: Pienso muchas veces que algo estamos haciendo mal, porque veo que muchas de nuestras alumnas reproducen patrones del pasado. Cuando acaban, muchas chicas brillantes, candidatas naturales a tener una sólida carrera académica o investigadora, la dejan de lado debido a otras prioridades que no deberían ser incompatibles, como estar cerca del novio o formar una familia. Pero es cierto que no todo el mundo entiende que una investigadora debe viajar, realizar estancias, asistir a un congreso y trabajar varios meses con alguien. Es esencial que las personas que están a tu lado te apoyen.

P: Desde las instituciones se plantean planes de género para intentar eliminar esta brecha. ¿Qué opina de la discriminación positiva?

R: Tengo sentimientos encontrados, porque la palabra discriminación, ya por definición, me parece negativa. En principio, no me parece justo discriminar al otro, ni me parece positivo para las mujeres a medio y largo plazo. Por ejemplo, yo me siento feliz cuando una mujer, como Maryam Mirzakhani (Universidad de Stanford, EE. UU.), gana la medalla Fields, porque estoy convencida de que la merecía, ha hecho un trabajo maravilloso. Lo que me duele es que alguien considere que has conseguido algo por el mero hecho de ser mujer. Si una mujer está en una posición es porque es, al menos, igual de buena que sus compañeros, no por ser mujer. Pero, por otro lado, entiendo que son medidas que pueden hacer falta en un cierto momento, y me parece muy bien todo lo que pueda ayudar.

P: Investiga en álgebra abstracta, ¿hacia dónde se dirige su investigación?

R: Queremos aplicar nuestro conocimiento sobre estructuras algebraicas a la teoría de la información, en criptografía y códigos correctores de errores. Tradicionalmente se han utilizado métodos de teoría de números para diseñar los esquemas criptográficos que se usan en tarjetas y firmas electrónicas. Ahora la idea es diseñar esquemas de cifrado utilizando estructuras algebraicas que sean resistentes y puedan ser útiles en el futuro para, en caso necesario, complementar los sistemas actuales.

P: También trabaja desde hace años con el medallista Fields Efim Zelmanov (Universidad de California San Diego). ¿Cómo ha sido su colaboración a lo largo de estos años?

R: Es una maravilla trabajar con Zelmanov, es muy estimulante. Tienes que estar mentalmente muy despierta para poder seguir su línea de pensamiento. Después de tantos años trabajando juntos hemos llegado a un gran entendimiento que hace que muchas veces uno sepa lo que está pensando el otro. Juntos hemos obtenido resultados como la clasificación de superálgebras de Jordan simples finito dimensionales en característica prima; fue muy gratificante aplicar modelos que habían sido construidos en dimensión infinita y característica cero, y que fueran los puntos clave nuestra clasificación. Para un matemático es fascinante ver cómo se relacionan cosas aparentemente dispares, cómo todo cuadra y encaja al final. Ese tipo de resultados son los que me han producido más satisfacción.

P: Además del placer de dedicarse a la investigación, ¿qué le aporta la docencia?

R: La docencia nos ayuda a mantenernos vivos y a seguir mirando cosas desde ángulos distintos. En particular, me gusta mucho la docencia de tercer ciclo, porque es estimulante trabajar con alguien que se está iniciando en investigación, acompañarle y aprender cosas nuevas. Es importante que los alumnos empiecen a abrir caminos con tu ayuda, pero han de ser caminos nuevos, no solamente los que tú ya has desbrozado.

P: ¿Qué le diría a alguien que no entiende por qué es importante la investigación básica?

R: La mayoría de los que trabajamos en investigación básica lo hacemos, en primer lugar, por puro placer estético. Me imagino que el placer es similar al que experimenta un músico cuando compone una pieza que es, justamente, la que está buscando. Pero, más allá de eso, la investigación básica es vital para un país. Permite que el progreso continúe, y apoya y fundamenta la investigación aplicada, que puede tener un componente más inmediato. La investigación básica es la única forma de seguir abriendo puertas, que quizás después lleven a una aplicación. Por ejemplo, durante años se pensó que la teoría de números era inútil, y al final resultó ser esencial para el nacimiento de la criptografía de clave pública. Si se trabaja con visión de futuro, no se puede abandonar la investigación básica; sería de una miopía tremenda y tendría consecuencias funestas.

 

Imagen: Consuelo Martínez


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