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Matemáticas 365 días al año

 

En el año 2002, la Olimpiada Matemática del estado mexicano de Morelos no pasaba por su mejor momento económico; el dinero prometido por el gobierno finalmente no llegó y, para poder realizar el certamen, la organización se endeudó. Fue entonces cuando tuvieron que pensar en una vía de financiación alternativa que asegurara su supervivencia. Así nació el Calendario matemático, un anuario temático que además de mostrar momentos de la historia de las matemáticas, propone al lector retos matemáticos para resolver cada día del año. Consiguieron financiar la olimpiada, pero además, el calendario se convirtió en todo un éxito. Actualmente se sigue publicando en México y desde 2014 cuenta con su versión francesa: Calendrier Mathématique, que dirige Ana Rechtman, investigadora en la Universidad de Estrasburgo (Francia) y una de las impulsoras del mismo junto a Radmila Bulajich (Universidad Autónoma, Academia de Ciencias de Morelos) y Ana Alberro, divulgadora. Hablamos con Rechtman con motivo de su visita al ICMAT, donde investiga su colaborador Daniel Peralta. 


Ana Retchman // Imagen: Universidad de Estrasburgo 

Cuando una persona compra y abre un calendario matemático, ¿con qué se encuentra?

Depende de si es la versión francesa o mexicana. Al principio, el calendario de México era como el francés en la actualidad: en la portada, un título que describe la temática general del calendario. En el interior, cada mes se compone por un título propio y una imagen en la parte superior con un texto descriptivo, ambos relacionados con la temática del calendario de ese año. En la parte inferior, aparecen los problemas, que no tienen por qué estar relacionados con la temática global del calendario. Por ejemplo, los textos de 2019 de la edición francesa son de estadística pura. Solemos contar con un máximo de tres autores para que elaboren los doce textos. En cuanto a la edición mexicana, ya no incluye las descripciones, solo está compuesta por imágenes y los retos, algo que permite que la edición sea mucho más sencilla. Ambas recogen 250 problemas al año. 

Además de los tres autores de los textos, ¿quién escribe los retos?

Generalmente son antiguos participantes olímpicos, estudiantes de matemáticas de universidad, profesores de instituto o personas jubiladas que tienen relación con las matemáticas, como ingenieros, muchos de ellos apasionados por estos tipos de problemas. 

¿Cómo recibe el público el proyecto año tras año?

En Francia suele tener buena acogida. De hecho, hay personas que nos escriben regularmente y, por ejemplo, el año pasado no hubo calendario en Francia y mucha gente nos preguntaba por él. El primer año de la edición francesa la respuesta fue sorprendente, se vendieron tres mil copias en tres o cuatro semanas, algo realmente impresionante. También se hicieron eco los medios de comunicación y esto provocó que se agotara.

¿Se ocupan ustedes mismas de difundirlo?

Sí, llevamos a cabo actividades de promoción y divulgación de las matemáticas. En Estrasburgo y Grenoble, por la Fiesta de la Ciencia de Francia, solemos organizar unas yincanas con los problemas del calendario y damos de premio los propios calendarios. A la gente les suele gustar mucho y hay familias que vuelven año tras año. Ahora además dividimos la actividad por niveles y contamos con voluntarios, generalmente, estudiantes de matemáticas que charlan y discuten con la gente estos retos. Suele ser una tarde de sábado muy amena. Asimismo, tienen bastante éxito las presentaciones del calendario que hacemos en librerías con los autores de los textos, en las que a veces también contamos con investigadores. 

¿Cómo ha evolucionado el proyecto con los años?

Desde que surgió el calendario en México hace 16 años, ha pasado por diferentes etapas. Se mantiene porque hay muchas personas que creen en él y no están dispuestas a dejarlo de editar. Para México es un producto difícil de sacar adelante, sobre todo, porque es un producto muy caro (alrededor de 15 €). Pero le damos mucha importancia a la estética y por ello apostamos por una buena impresión, algo que encarece los precios. Es imprescindible venderlo y difundirlo, pero carecemos de los medios necesarios para ello y, además, cuenta con poco apoyo institucional, solo lo hace el CONACIT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) y algunas instituciones de enseñanza e investigación. La edición francesa también cuenta con ayudas institucionales; por ejemplo, este año nos ha apoyado en la difusión la Fundación Blaise Pascal de Francia. 

 

¿Tienen dificultades para dar con nuevos retos, después de todos estos años?

Sí, aunque los autores que elaboran los problemas para los calendarios van cambiando todas las ediciones. Esto nos permite tener nuevos tipos de problemas, pero es muy difícil conseguirlo todos los años. Aunque el tipo de problema se repita, tratamos de redactarlos y enfocarlos de una forma diferente. Esto también tiene su ventaja, puesto que la memoria del lector juega aquí un papel muy importante. 

También han colaborado destacados matemáticos en la proposición de los retos y artistas en el diseño del calendario, ¿no es así?

Sí, en el calendario han participado matemáticos como Étienne Ghys (École Normale Supérieure de Lyon) e Ian Stewart (Universidad de Warwick). Por otro lado, para la creación de las imágenes trabajamos con escultores mexicanos como Sebastián, con formación matemática y que ha estado en contacto durante muchos años con geómetras, Gabriel Macotela y con el pintor Felguérez. Además, la edición de 2019 ha estado diseñado por Toledo, un gran pintor mexicano. 

¿Ha notado que el calendario haya ayudado a despertar el interés por las matemáticas?

Sí, de hecho, en México ha habido mucha gente que me ha hablado de él. Me acuerdo de una amiga de mi abuela a la que ella le había vendido el calendario. Tendría setenta y cinco u ochenta años, un día me dijo “me acabo de dar cuenta de que me encantan las matemáticas”. Tal vez haya una connotación en la sociedad que impide que la gente se pueda dar cuenta de que puede ser muy emocionante resolver un problema. Esta señora me dijo también que, a través de las soluciones, estaba fascinada aprendiendo sobre triángulos. Son problemas en general que no requieren demasiados conocimientos, sino lógica. Es un entretenimiento mental como muchos otros. Yo me quedé toda la tarde con ella haciendo problemas. En Francia sé que el calendario tiene un grupo de seguidores muy amplio de profesores jubilados e ingenieros, que son con los que más tengo correspondencia. No tenemos datos exactos, pero si se vende bien es porque no solo llega a matemáticos. Hace dos años se editaban entre cinco y seis mil ejemplares. 

¿Cuál cree que es la imagen de las matemáticas hoy en día? ¿Cree que ha cambiado con los años?

Creo que aún pesan mucho los estereotipos, pero en realidad tienen menos peso en la sociedad de lo que nos creemos. Me he encontrado con gente muy variada que valora mucho a los matemáticos. Vivimos en una época muy buena para las matemáticas y los estudiantes, ya no solo existen las clásicas salidas de profesor/a de instituto o investigador/a, sino que están siendo demandados por diferentes sectores. Que vendiéramos tres mil copias la primera edición del calendario significa que hay más gente de la que pensamos a la que le gusta hacer matemáticas. 

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Laura Moreno Iraola es miembro de la Unidad de Comunicación y Divulgación del ICMAT.